Los primeros filósofos
no requerían de una sombra para pensar,
[sombras,]
sólo para dormir, para descansar.
Ellos no eran los presumidos
del crimen, de la voluntad de verdad.
Pero al caso, la diferencia era
en una cuestión de tiempo,
que no requería ser-medida, señal,
que no requería ser techo;
sabían pensar,
el sol nunca les dio miedo,
Nunca les dio oscuridad.