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miércoles, 11 de marzo de 2015

Al hueco en el Jardín del Templo de tus dioses

I

El Principe ha muerto y la Nación no tiene quien la gobierne. Lo que de Ftía fue para Tesalia,
hoy yace oculto ante el reparo,
Hundido muy debajo de nosotros,
en el subsuelo.

Los mirmidones de Troya desembarcan en la patria del vientre dorado, donde hijas y señoras no resguardan pasado. Traen la nueva impronta para el decurso de las antiguas casas. Levantan al Tálamo y habitan la vieja colina plantando el antiguo rostro en todo aquello que no fue,
Que luego es Siempre,
Y se levanta al aire con todos los susurros al ocaso.
Germinarán.
Y mañana tendremos flores.

II

DE LA AUSENCIA DEL HIJO DE DIOSES Y HUMANOS

Habla al corazón y habla infinito,
Habla su tristeza
En el horizonte naranjado que a sus pies la palabra ha alumbrado
Las rosas florean al solo recuerdo de sus pasos entre nosotros,
Hijos del hombre.

De la distancia que nos aleja están los anhelos, el reparo y el cuidado
Que retiene el brillo del dorado de su peplo en la Fiesta;

Allí brilla su estampa, me llamas,
Allí procura lo claro,
Y señalas al hueco en el Jardín del Templo de tus dioses.

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